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domingo, 19 de enero de 2020

Nos unimos al año galdosiano en la primera sesión de nuestro Club de Lectura de 2020


La literatura nos hace más felices. Esto, que puede sonar a tópico, a frase manida y vacía, a algo vagamente emocional que poco tiene que ver con la realidad, se convierte en una verdad incontestable en algunas de las sesiones de nuestro club de lectura. Como esta con la que hemos empezado este 2020 galdosiano. El pasado jueves 16 de enero homenajeamos en nuestro club de lectura a Benito Pérez Galdós charlando sobre La de Bringas, una de las novelas españolas contemporáneas que nuestro querido y admirado escritor publicó en 1884 y en la que se centró en el papel que la mujer iba a desempeñar en el cambio social que se estaba gestando en la España del XIX y que vivirá un momento clave con el estallido de la Gloriosa en 1868. Algunos de nosotros conocíamos la novela de nuestros años de Facultad y ya admirábamos a Galdós; otros habían leído algo de él en el Instituto; muchos otros nunca habían leído nada suyo o subyacía en ellos el prejuicio de que Galdós era un escritor pasado de moda, convencional, de una pesada lectura... La sesión nos sirvió a todos para redescubrirlo y para situarlo en el puesto que se merece dentro de la Literatura Española, la Literatura Universal y el canon literario. 
Entre todos fuimos dibujando su rostro, su biografía, su ingente obra, su ingenio, su sentido del humor, su visión inteligente y crítica de la sociedad española de su tiempo, su compromiso político y social, sus valores. Gracias a nuestros compañeros de Historia Jesús Castillo y Victoria Rodrigo conocimos mejor la España de Isabel II y ese Palacio Real que se disputa el protagonismo con Rosalía de Pipaón en La de Bringas. Y, como no podía ser de otra manera, terminamos sumándonos a Almudena Grandes y declarándonos todos galdosianos, que es lo mismo que decir lectores de su obra y aprendices de su magisterio en la observación y la reflexión sobre lo que nos rodea.


miércoles, 27 de noviembre de 2019

Participamos en el XIV Concurso Regional de Ortografía para Bachillerato

Hoy hemos estado en Mérida participando un año más en el XIV Concurso Regional de Ortografía (Bachillerato). Porque ya sabemos que la principal función de la lengua es la comunicación, pero no podemos olvidar que para que esa comunicación funcione, es muy necesaria la corrección, tanto en lo oral como en lo escrito. 
Nuestra representante ha sido la alumna de 2º de Bachillerato de la modalidad de Artes Plásticas Celia Prados Gómez, a quien deseamos desde aquí mucha suerte.
Y de paso os recordamos esta norma básica de la corrección ortográfica que tantos dolores de cabeza nos da en los exámenes. Ahí va:




sábado, 16 de noviembre de 2019

Encuentro literario con el poeta Basilio Sánchez

El día de ayer tuvimos el honor de contar entre nosotros con el poeta Basilio Sánchez, quien protagonizó un encuentro literario con nuestros alumnos de 2º de Bachillerato en torno a su último libro de poemas He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes, que obtuvo el año pasado el XXXI Premio de Poesía Internacional de la Fundación Loewe. Fue una emocionante sesión en la que pudimos disfrutar escuchando a Basilio Sánchez recitar sus poemas y  compartir con nosotros cómo concibe él la poesía.




Frente a la inmediatez y el exhibicionismo de un tipo de escritura que triunfa en internet y que basa su valía en la cantidad de "me gusta" que recibe, ayer degustamos una poesía para nosotros auténtica, escrita para ser susurrada, escrita para uno mismo, como una meditación, como una apunte personal, pero que puede representarnos a todos. Nos representa porque habla de algo que concierne a todo ser humano: cómo estar en el mundo, como vivir en el mundo y el momento que nos ha tocado, cómo relacionarnos con las cosas y con los seres que nos rodean. En este sentido, la propuesta del poeta es clara: en medio del ritmo vertiginoso, crispado y violento que habitualmente nos envuelve, es posible relacionarse  con los demás y con las cosas desde el afecto, desde la naturalidad, sin artificio. La poesía, y en concreto la poesía de Basilio Sánchez, se presenta así como un terreno moral desde el que resistir y hacerse fuerte en medio de la desolación que a veces nos embarga. El encuentro fue, por lo tanto, un lujo para nuestros alumnos y para sus profesores, un regalo de palabras que nos invitan a tomar conciencia de lo que cada uno de nosotros podemos hacer con el legado natural que hemos heredado.





martes, 11 de junio de 2019

CONCURSO JÓVENES TALENTOS DE RELATOS CORTOS COCA-COLA

El 22 de marzo de 2019, nuestros alumnos, Andrea Gómez y Julen Román, de 2º ESO A, representaron al centro en el Concurso de Jóvenes Talentos de Relatos Cortos organizado por Coca-Cola.

Este año han participado unos 13.500 estudiantes que se enfrentaron a la escritura de un relato corto armados de un bolígrafo y un Reloj de Arena. Ese Reloj de Arena fue el estímulo creativo a partir del que debían elaborar sus relatos.
Un mes más tarde supimos que Andrea Gómez Pacheco era una de las tres finalistas de la provincia de Cáceres y el 24 de mayo nos desplazamos a Madrid para asistir a la entrega de premios.
La Gala se celebró en el Parque de Atracciones de Madrid y allí supimos que había sido galardonada con el Segundo Premio Provincial.
Fue un momento de gran orgullo para sus padres, para el Departamento de Lengua y para el IES Al-Qázeres.
Andrea, emocionada, agradeció la oportunidad de haber participado en una experiencia que, sin duda, repetiría.






Esta misma mañana hemos sabido que Andrea ha ganado otro concurso literario: la Tercera Fase de Relatos Encadenados RadioEdu. Os dejamos el enlace para que escuchéis su cuento a partir del minuto 10:30 aproximadamante.


¡Enhorabuena, Andrea! ¡Desde la Biblioteca y el Instituto deseamos que sigas cosechando éxitos!

domingo, 2 de junio de 2019

RELATO GANADOR DEL CERTAMEN LITERARIO 2018-19. CATEGORÍA: PADRES Y MADRES DEL ALUMNADO.

AQUELLA NOCHE, por María del Carmen Martín Castellano
                                    
    Esa tarde, me apresuré en volver antes a casa. La telefoneé para saber si se retrasaría. Al confirmármelo, froté con satisfacción las palmas de mis manos. Contaría con tiempo suficiente para prepararlo.
    Decidí, al descorrer la cortina de la ventana que muestra la angosta calle del viejo barrio de la ciudad, que era el momento idóneo de revisarlo todo antes de que ella llegara. Era ya tarde. El reloj casi marcaba las doce. Nadie transitaba próximo a la casa. La oscuridad invadía el ambiente. La luna, en su fase menguante, rodeada de nubes transeúntes, serían mis cómplices.
    Según estaba previsto, llegó a medianoche. Recorrió la estrecha y lúgubre callejuela tan veloz como mis ojos fueron capaces de distinguirla. Rápido, mirando cada rincón, escudriñando sus posibles peligros, alcanzó la verja, ignorante de que el peligro lo hallaría en su seguridad. Maullaban los gatos. Uno negro casi le hace caer. Subió, temblorosa, cada peldaño de la escalera. Una vez abierta la puerta, el tremendo portazo de otra la hizo estremecer. Ya cerrada, con todos sus cerrojos, -tenemos tres-, echada la llave, enganchada la cadena, inspiró y expiró profundamente de tranquilidad. En la sala contigua, yo lo hice excitadamente de placer. Pronunció mi nombre. Sabía que no había nadie más, los demás tenían el día de descanso. Esperé a que lo repitiera en varias ocasiones y, así, aumentar el nivel de su adrenalina. Al rato, contesté entrecortadamente para que su imaginación se desbordara. Cuando conseguí lo que pretendía, le dije que no me ocurría nada. Antes de irse a la cama, quiso cenar algo ligero. Se dirigió a la cocina. Intencionadamente, desaflojé el fluorescente. La luz parpadeaba. Una viscosa mancha carmesí llamó, con espanto, su atención. Soltó tal alarido que de haber vecinos en las casas colindantes todos hubiesen acudido. Con cierto retraso, simulé estar en el baño, fui en su ayuda. Al comprobar que era de tomate, me increpó con una afinada sarta de insultos. No sabía yo que era tan diestra en el uso de palabras despectivas. Fingí enfadarme. Le tocó limpiar la sangre de ficción. Puse, a propósito, el periódico local en la página de sucesos. Hoy, lamentablemente, había sido un día trágico para muchos. Ella, al leerlo, sintió escalofríos. El que la calefacción estuviera apagada, ayudó.  Me encargué de ello para dar un aspecto más helado a la situación. Todo lo fui hilvanando al detalle para mi fin: el inoportuno gato, la  corriente que ocasionó el portazo, la olvidadiza mancha...
El momento culmen se acercaba, yo lo acariciaba. Fue a su dormitorio, hacía mucho tiempo que ya no compartíamos habitación. Mientras se desvestía, todo comenzó a transcurrir lento, monótono, plomizo. Ahora era mi corazón el que se agitaba, angustiaba. No lograba tranquilizarme. Los nervios se apoderaban de mí. Intenté calmarlos, pero no los controlaba.
¡Quería estar expectante! Los últimos preparativos recorrieron fugazmente mis pensamientos. Entonces, me asaltó una duda: ¿estaría el arma en el cajón de su mesilla? o ¿lo habría olvidado con semejante trajín? No podía fallar. Tenía que acontecer aquella noche. Llevaba numerosos días abrazando ese hecho.  Apoyada en el quicio de la puerta, suspiré aliviada. Mi hermana había encontrado mi último relato de terror en su mesita de noche. Una inquieta línea curva en sus labios, me invitó a pasar. Con una sonrisa pícara, acepté. Aquella, aquella noche,  le conté una historia más de esas que le hacen abrazarse a su almohada, taparse hasta las cejas, suplicarme: ¡por favor, hasta mañana!


lunes, 27 de mayo de 2019

CELEBRAMOS EL DÍA DE ÁFRICA

La semana pasada celebramos el Día de África con una serie de actividades organizadas por los compañeros y alumnos de la Familia de Servicios Socio-culturales y a la comunidad. Nuestro grupo de 1º de ESO D, en concreto, participó en un taller de elaboración de marcapáginas coordinado por alumnas de nuestra compañera Ana Amigo. Gracias a ellas pudimos saber algo más sobre el continente africano y aprendimos a mirarlo con una mirada nueva, entendiendo que los propios africanos pueden y deben ser el cambio que queremos ver en el mundo. Gracias por brindarnos la oportunidad de participar en todas estas actividades tan interesantes y tan necesarias. 












domingo, 26 de mayo de 2019

MICRORRELATOS GANADORES DEL CERTAMEN LITERARIO. CURSO 2018-19



CATEGORÍA SEGUNDO CICLO:

     Me levanté aquella fría mañana y me di cuenta de que hasta mi reflejo lucía mejor que yo.
Belén Bermejo Durán, 2º Bachillerato D


CATEGORÍA ESO:

LA OPORTUNIDAD 

     Cuando llegué ya todo se había terminado,di un paso adelante y me di cuenta de que todo comenzaba de nuevo.

Nuria Largo Román. 3 ESO B 

CATEGORÍA PADRES Y MADRES DEL ALUMNADO:

     Tic, tac, ya no es el reloj que acuciaba mi destino traspapelando sentidos que siempre acababa encontrando en el cajón de la suerte, es otro campaneo, canción de cuna para bebés adultos, es otro son marcando el paso del tiempo, un latido que quiero interrogar de dudas y miedos que esclarezcan mi alma de todas aquellas preguntas que siempre le hice a la vida.
        A la vida que no sé si merezco, a la vida que no sé si me merece, a la vida que no sé si sabré educar, a la vida que no sé si sabré aprender, a la vida extraordinaria certidumbre incierta que crece en el vientre de mi mujer madre, y nos hace ser dos.
     Tic, tac, ya no es el reloj que acuciaba mi destino traspapelando sentidos, es otro son marcando el paso del tiempo, un latido de vida que ahoga las dudas, que acuna los miedos y los duerme por siempre con la increíble promesa de su primera sonrisa...

Juan Carlos Fernández Galeano
Padre de Juan Diego y Pedro Fernández


RELATO GANADOR DEL CERTAMEN LITERARIO 2018-19. CATEGORÍA PRIMER CICLO DE LA ESO.


REALIDAD OCULTA
Una calurosa mañana de julio, Lara se disponía a coger un vuelo con destino a Pisa. Su mirada desprendía ilusión; y es que, una vez despegase de Madrid, pondría rumbo a las vacaciones en Italia que llevaba ansiando desde hacía tiempo. Necesitaba alejarse una temporada del entorno que tanto daño le había hecho, y qué mejor lugar que aquel país para poner distancia.
Tras un corto vuelo, apenas dos horas, aterrizó en el aeropuerto Galileo Galilei. Recogió su maleta y se dirigió hacia la estación de tren, con una sonrisa dibujada en su rostro. Próxima parada: Piombino
El trayecto hasta la ciudad portuaria no se le hizo demasiado largo, ya que contaba con la compañía de la música. Sus ojos, fijos en la ventana, recorrieron todos y cada uno de los paisajes que desfilaban a su paso. “Es tan maravilloso”-pensó.
Cuando llegó a Piombino, Lara se apresuró para coger un sitio en la parte descubierta del ferry; quería sentir cómo la brisa le rozaba las mejillas y disfrutar de las vistas que la isla prometía.
-¡Mónica! – exclamó, una vez alcanzó tierra firme. Ambas hermanas se fundieron en un gran abrazo. Llevaban desde principios de año sin verse y, tras vivir una etapa un tanto complicada, Lara necesitaba todo su cariño. Lo que la joven no sabía era que, tras esa sonrisa, Mónica también escondía sufrimiento. “Las cosas no siempre son lo que parecen”.
-Tengo tu cuarto ya preparado. Dejamos el equipaje en casa y salimos a dar una vuelta. ¡Voy a llevarte a cenar a la mejor pizzería!
Lara no respondió con palabras. El brillo en sus ojos reflejaba la emoción que la embargaba y un profundo suspiro fue todo lo que se escuchó de sus labios.
El paseo por la isla antes de cenar sirvió a las hermanas para ponerse al día sobre cuestiones cotidianas, pero evitaban adentrarse en aspectos más personales, convirtiendo a la isla en protagonista de la conversación antes que a ellas mismas.
Lara sentía curiosidad por conocer a Marco, ese chico del que Mónica no dejaba de hablar desde que coincidieron en aquella cafetería. “Su príncipe azul”, le decía; pero ahora apenas unos monosílabos daban respuesta a las preguntas que Lara hacía sobre la relación.
Llegaron a la pizzería, donde Marco ya esperaba sentado a la mesa. Por fin conocería al chico que había robado el corazón de su hermana. Lo que no sabía era que con el corazón también le había robado la alegría, la espontaneidad. Mónica se hacía pequeñita a su lado, casi invisible. ¿Dónde estaban su sentido del humor y su carácter extrovertido? Siempre había llamado la atención, tan bonita y con esa dulce sonrisa que la hacía brillar.
Lara percibió una Mónica diferente ahora que estaba con Marco. ¿Qué sucedía para que su hermana quisiera “pintarse de gris”?- Así fue como describió la sensación que le produjo la forma de actuar de Mónica.
Mientras conversaban, Lara no dejaba de fijarse en cada gesto, de analizar cada detalle. La soledad que la había envuelto este último año la convirtió en una experta en observar a las personas desde la distancia y estudiar sus reacciones. Esa misma soledad que la había empujado a alejarse de su entorno y buscar refugio en su hermana. ¿Qué culpa tenía ella de gustarle a Alberto? Patricia no se lo había perdonado, la envidia y los celos fueron más fuertes que su amistad, y se encargó de aislarla de todo el mundo. Cuántas mentiras fue capaz de inventar, y qué capacidad para difundirlas. Lara comprendió que aquello no era amistad, pero qué difícil era sentirse tan sola. Y ahora que había venido buscando el apoyo de su hermana, sabía que algo fallaba.
Marco era simpático, le caía bien, pero aquella Mónica que descubrió a su lado hizo que no dejara de observarle. Gestos sutiles que pasarían desapercibidos ante otros ojos no lo hicieron para los de Lara. Y recordó aquella charla en el instituto. Las palabras de Natalia resonaron en su cabeza. Una joven contando su experiencia, las señales silenciosas para las que siempre encontraba una justificación; y la única que de verdad las explicaba era el maltrato psicológico al que se estaba viendo sometida.
Y reconoció a Mónica en esas palabras. Y la sospecha de que su hermana fuera otra Natalia la invadió de tal modo que sintió que le faltaba el aire.
No necesitaba confirmarlo, necesitaba rescatar a su hermana y devolverle lo que Marco le estaba arrebatando; tirar de su mano y salir corriendo de allí.
Lara no olvidaría nunca los paseos por la playa escuchando a Mónica, incapaz de entender cómo era posible que aquella chica brillante y segura de sí misma se hubiera dejado anular de ese modo, permitiendo que el miedo gobernara cada uno de sus actos. La envolvió en un abrazo de ternura en el que cobijarse, convirtiéndose en el pilar sólido sobre el que su hermana mayor pudiera apoyarse. Y volvió a recordar las palabras de Natalia: “Hay sonrisas que están apuntaladas por lágrimas que disfrazan la realidad”.
Andrea Nevado Bustillo.

GANADORES DEL CERTAMEN LITERARIO. CATEGORÍA: ILUSTRACIÓN PRIMER Y SEGUNDO CICLO

La fuerza y la solidaridad femeninas en imágenes y palabras.

 LA TATARABUELA FELICIA

La tatarabuela Felicia fue la mujer de mayor temple de la familia.
Era muy inteligente y bella según los cuentos del tío Ramón Enrique y un retrato que cuelga en la sala.
Un día, en medio de una de las tantas guerras y revoluciones que hubo en el país en los últimos años del siglo XIX, unos soldados pasaron por la casa de la familia y como los hombres no quisieron incorporarse a su ejército decidieron matarlos.
Antes de hacerlo, los soldados les dijeron a las mujeres de la casa que podían irse con lo que llevaran encima, que con ellas no se meterían.
Por idea de la tatarabuela Felicia cada mujer salió cargando a su marido, a su hermano, a su padre o a su hijo y entonces los soldados se quitaron las gorras, se rascaron las cabezas y se fueron para siempre con las caras rojas y los corazones chiquiticos.
 Armando José Sequera

 VÍCTOR SÁNCHEZ CORTÉS, 2º BACHILLERATO D



JUAN DIEGO FERNÁNDEZ AGÚNDEZ, 3º ESO B

miércoles, 22 de mayo de 2019

POEMA GANADOR DEL CERTAMEN LITERARIO 2018-19. CATEGORÍA BACHILLERATO.



AGONÍA

Soñolienta dama
de la guadaña
que se despierta
tras el alba,
de nuevo sola:

Pido ayuda,
noto un huracán
que me arrebata
de las entrañas
mi propia locura.

Por mi familia,
dame otra vida,
otro suspiro,
otra historia
sin final explícito.

Quiero hacer retumbar
este corazón dormido,
y provocar un dormitar
de este delirio
que es tan tuyo
como mío.

Te suplico que lo ahuyentes,
que lo alejes
de mi lado.
Dile en un susurro
que no se acerque,
que no me toque
ni me diga
cuál es mi hora
ni cuándo expira.

                 Janire Sancho Templado. 2º Bachillerato C

POEMAS GANADORES DEL CONCURSO LITERARIO 2018-19. CATEGORÍA ESO.

Miembros del Departamento de Lengua en el momento del fallo del premio. El ganador fue el alumno 
Julen Román Cobos. 2º ESO A

Sacarte de mis pensamientos fue una tarea ardua,
Teniendo que sacar de mí cada recuerdo contigo,
Con las ilusiones en una mano,
Y el corazón roto en la otra.
 
Poniendo por delante tu cuerpo,
Antes que a mi propio ser,
Posponiendo la realidad,
Y teniendo como guía la falsedad.

Teniendo un corazón de terciopelo,
El cual se enamoró con un “te quiero”
Más falso que salió de esos labios
Que sólo mentían y mentían.

Soy basura, un mortal
Que cayó a tus pies
Y que engañaste,
Como a muchos más.

Te lloré,
Te odié;
Te volví a llorar
Y te volví a odiar.

Que Dios me perdone,
Que Cupido vuelva a lanzar la flecha,
Me dirán tonto,
Pero sigo enamorado,
Y volveré a caer a tus pies.
 ...................................................................................................................................................................... 
Discúlpame por no tener las suficientes conjunciones,
Por pedirle al cielo las disculpas que te mereces;
Por fallarme los adverbios al hablarte
Y por perder las tildes al mirarte.

Me gustaría mirarte sin sentir miedo,
Que desapareciera la vergüenza del diccionario;
Cambiarle la sílaba final a «quiérete»
Y poner un “-me” en su lugar.
  
Usar todas las preposiciones a tu lado:
Ante las miradas, bajo la sombra de nuestros sueños;
Con mi cabeza apoyada en tu pecho,
Contra la sociedad, de día, de noche
Y desde Nunca Jamás.
  
Imaginar un pretérito perfecto junto a ti,
Tener un presente sacado de Disney,
Un futuro simple entre nosotros
Y una vida a tu lado.
 
Buenas noches a la persona que comparte adjetivos,
Que quiere un futuro, un presente y quiso un pasado;
A la única persona que puedo dedicarle todos mis sueños,
Todos mis sentimientos y nervios.
  
Déjame decirte que te quiero.
......................................................................................................................................
Nunca he tenido los suficientes puntos,
Ni los suficientes márgenes;
Pero he escuchado lo suficiente
Para saber los nombres despectivos.
 
Pero me aferré
A unas cuantas hojas de papel;
A un bolígrafo o a un lápiz
Y a un pequeño poema de un gran autor.

Conocí a un gran autor,
Que me enamoró con sus versos,
Con su manera de atrapar las palabras
Y con los ojos puestos al final de una pequeña rima.

Me devoré las palabras un verso tras otro,
Estrofa tras estrofa
Y llegué a leer un
Poema tras otro.

Ponía atención en las sinalefas,
Y por cada diéresis y sinéresis,
Me daban ganas de leer más y más
Y de soñar más y más.

Pero hubo un verso del autor,
Que consiguió atraparme,
Que consiguió cautivarme,
Que consiguió enamorarme.

Tráeme el cielo
Y te daré mis versos,
Déjame acariciar tu pelo,
Y guárdame uno de tus besos”.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite también un día de sol


Nuestro compañero César Nogales nos cuenta cómo se desarrolló el pasado 8 de mayo la sesión de club de lectura con nuestros alumnos de 1º de Bachillerato. Como podéis ver, fue una experiencia muy gratificante para nosotros como profesores de Lengua castellana y Literatura, siempre a vueltas con ese empeño de acercar a nuestros alumnos a la palabra escrita de una forma amable: 

"Y llegó Coro Carrillo el curso pasado y nos preguntó que si Nubosidad variable, de Carmen Martín Gaite, resistiría hoy una lectura escolar. ¿Que si  es actual Nubosidad variable? ¿que si se leería hoy? Y lo dijimos todos enseguida: “Desde luego que este no es un libro de esos que todos leerían, azuzados por las listas de libros más vendidos, porque son páginas de ayuda, o de autoayuda, o páginas de novelas que sucedieron en el medievo y luego hacen la versión televisiva con muchos capítulos, o cinematográfica, que siempre es peor (sic) que el libro,  y que retratan calles sucias y ropas viejas”. Y cosas así. Esas fueron nuestras respuestas. Claro que no. Claro que este libro no responde al canon comercial, ni al canon escolar, que tanto cada día de cada curso se parecen. Este libro formaría parte de los libros clásicos. De los que sí importan mañana, después de haber sido leídos hoy. No, este no es un libro del actual canon escolar. Le dijimos que “esta no es de esas novelas de amor a las que dan premios en primavera y luego las mujeres leen en los vagones del metro, o del tren de cercanías antes de entrar en la gestoría, en la fábrica o en el almacén. No es una novela de esas por la que nos dan un ministerio de una semana; no es una novela de misterio, no de detectives, ni de ditropías. No, no es una de esa novelas de superventas que tanto se venden en los supermercados; no, no es una novela de tableta, ni de móvil. Es una novela de páginas que quieren ser amarillas como amarillas se pondrán las cartas y los cuadernos que las protagonistas se escriben. 

              Le dijimos también que Nubosidad variable sólo se puede leer junto a una taza de café o de té, o un vaso de güisqui. Nubosidad variable se lee en soledad, porque esta novela trae el ruido de la vida. Nubosidad variable quiere que se detenga la lectura de cuando en cuando, a mitad de una carta, a mitad de un cuaderno, a mitad de una página, y cerrar el libro marcando por dónde vamos con los dedos, y mirar hacia arriba para mira hacia adentro y pensar en lo leído que es lo vivido, y tomar aliento y cerrar los ojos y abrirlos y seguir leyendo para volver a caernos, para volver a parar. Así se lee Nubosidad variable. Por eso hay que leer como apenas ya se lee hoy: leer tomando sorbos de vida ( o de café, o de te, o de güisqui). Le dijimos que no sabíamos si hoy leeríamos Nubosidad variable porque los modos de leer están cambiando, y ya nadie lee como habíamos dicho. Y porque hoy ya nadie lee Cumbres borrascosas, que eso es quedarse enquistado. ¿Entonces, se leería o no se leería? Una historia de dos mujeres sentadas una frente a otra de cara al mar, junto al extremo de la barandilla” que “no parecían advertir la inminente llegada de la lluvia ni de la noche”. Mujeres iluminadas por un resplandor interno de serenidad. Y un papel que vuela y una palabra que se lleva el agua. Algunos sí queremos leer eso. La novela de dos mujeres. Sujetas a las inclemencias del tiempo. De su tiempo también. ¿Es Nubosidad variable una novela de su tiempo? O quizá es que el tiempo es siempre el mismo porque es siempre variable. Es una novela que leeríamos, como leemos libros que se mezclan con la vida. Una novela de personajes que son personas. Que cruzan sus miradas y no las sostienen, y por eso escriben (escribimos) cartas a sus (nuestros) pasados, que a veces se llama Sofía. Y hacerlo porque sale del alma. Así, escrito y vivido con estilo de mujeres ¿Que si escriben distinto? ¿Que si Carmen Martín Gaite escribe como mujer? Sólo es literatura femenima porque miran hacia otro lado (no al pasado -que al pasado miramos todos- sino al otro lado del pasado, donde las referencias se mezclan: de tiempo y de luz. Esa es la mirada femenina. La que dibuja un plano con los puntos cardinales de ayer: el N es un reloj; el S es una lámpara; en el E está “La boca del lobo”. El O guiados por el viento en la espalda de un poema de Pessoa. 






    ¿Se lee una novela como un grabado? El de una señora leyendo una carta, como si fuera Habitación de hotel de Edward Hopper.  Aunque parezca cursi. ¿Que si se puede leer esta novela hoy? Sólo la leerán quienes la lean para leer, es decir, para vivir, no para viajar en metro, sino adentro, muy adentro, donde está la tormenta. No parar seguir las modas que tanto nos alejan de los libros. No para haber leído. Para callar y aprender a guardar silencio. Todo eso fue lo que le dijimos a Coro Carrillo y así lo decidimos: el curso que vienen será lectura en bachillerato. Para volver a leerlo. Para hacer que lean. Para conseguir que se conozcan. Para buscarnos.

RELATO GANADOR DEL CERTAMEN LITERARIO IES AL-QÁZERES 2018-19. 2º CICLO.



El corazón robado

A pesar de que parecía que no cabría una sola persona más, la gente no paraba de llegar. Las luces de los coches cegaban momentáneamente a aquellos que estuvieran conversando cerca de alguna ventana. Al parecer aquella era una gran fiesta, sin duda.
La casa se encontraba en medio del campo. Dicen las gentes que pertenecía a no sé qué familia rica, fundadora de no sé qué empresa. Y que hoy celebraban una fiesta por el aniversario de su fundación. Aunque aquello no se parecía a una fiesta de empresa. Había demasiada gente como para ser solo una fiesta de ese estilo.
La música era calmada, aunque casi inaudible por las decenas de conversaciones que plagaban toda la parte baja de la casa. Todos los invitados, o si no la mayoría, sostenían una copa de algún caro licor, algún caro champán o algún caro vino. Esa familia no escatimaba en gastos.
Un coche se paró justo delante de la puerta principal. Era negro, clásico, bastante elegante. Denotaba buen gusto por parte de su dueño. Una gran adquisición, sin lugar a duda. El mayordomo que se encontraba en la entrada corrió a abrir la puerta. Del automóvil bajó una mujer de verdosa e intensa mirada, envuelta en un traje que resaltaba ser bastante caro, como todo en aquellos extensos kilómetros cuadrados. Mientras, otra mujer de azulada y de, también, intensa mirada se acercaba a las escaleras situadas justo en frente de la puerta principal y conectaba la planta baja con la superior.
La mujer de caro traje entraba por la puerta serena e impasible. Miró hacia los lados, pero no encontró nada interesante. Alzó la vista y se encontró con una mirada que hizo arder su sangre. Se empequeñeció por un mero segundo ante aquellos ojos azules que la observaban desde la altura que las escaleras le brindaban.
Observó como ella se hundía entre la multitud al mismo tiempo que bajaba las escaleras. Se quedó allí, esperando por que apareciera. Solo recordaba aquel intenso azul que la hacia temblar internamente. Su pensamiento se vio interrumpido por una mujer rubia de tez blanca y otra vez estaban allí aquellos dos océanos, en los que no le hubiera importado ahogarse.
La mujer de cabellos rubios llevaba un vestido negro ceñido, que llamaba a gritos a la imaginación. La tomó de la mano y se la llevó a un ala de la planta baja. Su mano era suave, el apretón firme. Su toque le hacía arder por dentro.
La música en esa habitación había cambiado de ritmo, era más bailable. Así que bailaron. Sus cuerpos se movían al unísono, sincronizados. Se tocaban, se rozaban. Todo se volvía cálido. Calor. Fuego. Al final de la canción sus rostros quedaron tan cerca que notaban el aire sus respiraciones. Se miraron. No se dijeron nada, ni una palabra resbaló por ninguno de sus labios, estaban sobrevaloradas.
Esta vez fue la mujer de verdes ojos quien tomó su mano y la arrastró entre las multitudes hasta las escaleras por las que la rubia había bajado antes.Entre tantos juegos de besos, pequeñas luchas por tomar el control, jadeos, roces, pensaban que les resultaría imposible llegar a alguna habitación. Las llamas que recorrían sus cuerpos hacían que su cordura enloqueciera. Y su autocontrol era destruido por aquel fuego que las consumía.
Su casi ya inexistente paciencia les brindó una habitación de las decenas que habría en aquella mansión. Poco tardaron deshacerse de las prendas que obstaculizaban sus distintos objetivos. El vestido estaba fuera. La mujer de ojos azules se demoraba deliberadamente en los botones de la camisa mientras sonreía de manera pícara. Notó un pinchazo en su cuello, fue un dolor agudo. Alzó su mirada hasta encontrarse dos esmeraldas que reflejaban una mirada intensa que la sobrecogió y después... nada. Oscuridad.
La morena de ojos verdes la tendió en la cama y le quitó el sujetador, lo hizo a un lado. De un bolsillo de su chaqueta sacó un instrumento. Se acercó a la cama. Observo a aquella mujer. Se parecía a la descripción del personaje de la Bella Durmiente: cabello rubio, tez blanca, labios rosados. Resaltaba aquel pícaro lunar encima de su labio. Era muy hermosa. Se abalanzó sobre ella, quedando a horcajadas sobre su cintura, empuñando aquel instrumento el cual deslizó por su piel. Se hundió fácilmente y se deslizó con suma suavidad y delicadeza. Apartó piel y grasa, y ahí estaba su objetivo, escondido tras unos barrotes de calcio. Se maldijo. No tenía nada con que quebrarlos. Esto no estaba planeado.Pero no importaba.Tras mucho esfuerzo se deshizo de ellos. Un pequeño reguero carmesí manchaba ya las sábanas. Con los barrotes fuera solo le quedaba cortar los conductos. El reguero aumentó su caudal, fluía más rápido, rebosó. Pequeñas gotas iniciales, seguidas por una catarata mancharon el suelo de madera de nogal. La oscuridad de la habitación hacía que aquel líquido se mezclase con la madera. Le temblaban las manos, su mente era incapaz de procesar aquel éxtasis que
recorría su cuerpo. Creía que incluso podía haber alcanzado el clímax. El olor a sangre la excitaba. Jadeó. El líquido manchaba sus manos, sus brazos, manchó su camisa incluso.
Pero nada de aquello importaba. Estaba caliente, aún arrancado se esforzaba por latir, por bombear. Entre sus manos tenía el motor de la vida de la joven rubia de azulada y, también, intensa mirada.
MACARENA GALÁN
2º BACHILLERATO D