jueves, 15 de junio de 2017

Mis libros, mi viaje. Ciclo formativo de educación infantil





La clase de primero del Ciclo Formativo de Educación Infantil hemos escogido estos libros porque nos representan como grupo. 
Algunos de los libros seleccionados nos conducen a nuestra infancia: algunos fueron los primeros libros que nuestros padres y educadores nos leyeron; y otros fueron nuestras primeras lecturas. Hemos elegido también cuentos, porque nos transmiten una serie de valores positivos que, como TSEI, transmitiremos, y porque ayudan a establecer un intenso vínculo afectivo entre el niño y la persona que se lo lee. Aparecen además libros de diferentes aspectos que estudiamos en el Ciclo, ya que, mediante la información especializada que contienen, nos enseñan a conocer a los niños (emociones, motivaciones, intereses, conductas, rutinas de la vida cotidiana,…) y nos ayudarán a trabajar con ellos en un futuro. En resumen, los libros son necesarios como recurso tanto como para aprender como para enseñar y crear nuevas experiencias. 

lunes, 12 de junio de 2017

MIS LIBROS, MI VIAJE. CLUB DE LECTURA IES AL-QÁZERES.

Club de lectura. Sesión de Junio de 2017

Club de lectura. Sesión de Febrero de 2017
A. Hay personas alérgicas a pertenecer a cualquier tipo de club o asociación: individualistas empedernidos, tímidos incorregibles, sabelotodo recalcitrantes. 
A lo mejor son escritores y están convencidos de que su obra es única, resultado exclusivo de su esfuerzo y talento, como si fueran los primeros en escribir cualquier cosa. Quizás son lectores que hacen suya la obra de otros, convencidos de que en el diálogo íntimo que da sentido a la obra literaria son interlocutores imprescindibles.
¿Quién escribe y quién lee? Yo y yo y después yo. Quizás haya otros, pero serán como yo. En cualquier caso están los que escriben, bien diferenciados, y los que leen, bien distintos. Cada uno con su yo. Bien es posible que los yoes se encuentren en un…, digamos ellos (como mucho un vosotros).  Pero el sentido de la obra me pertenece a mí, de forma insoslayable.

B. Luego están las palabras: inmunes y alegres nos sobrevuelan, se enlazan y dispersan en nosotros. Nosotros.
 ¿Quién escribe y quién lee? Los dueños de las palabras.  El club de lectura me muestra mi dominio: un valle que se inunda, una habitación a oscuras, un relato abierto, vidas que se entrecruzan, un territorio a la intemperie. Mi dominio no existe, pues se ensancha y contrae, aunque yo no lo quiera, al ritmo de los otros. Mejor: al ritmo de nosotros. José Miguel Iglesias Rodríguez



Club de lectura IES AL-QÁZERES: cita con LUCIA BERLIN y su Manual para mujeres de la limpieza.

Jueves, 8 de junio de 2017. El verano se ha presentado sin llamar, hoy hace un calor sofocante y parece una auténtica locura salir de casa esta tarde que amenaza con derretirnos para volver de nuevo al instituto, a nuestra biblioteca. Pero no nos queda otra: es la última sesión en este curso de nuestro club de lectura y hemos quedado con Lucia Berlin. Nos conocemos desde hace muy poco, pero el encuentro ha sido tan impactante que no podemos faltar a la cita.
En la biblioteca infinita de Babel la tarea del club de lectura no resulta fácil: la mayor parte de los libros son ininteligibles (combinaciones absurdas de letras y signos gramaticales). De vez en cuando encontramos un texto que contiene una palabra, una frase o (con suerte) un párrafo con sentido. Deducimos que en algún estante encontraremos alguna obra completa; quizás un clásico que ya conocemos, o quizás un clásico que todavía no ha sido escrito. Debería existir un Manual para clubes de lectura, probablemente con infinidad de versiones y matices. Uno de ellos debe ser el que nos conviene, aquel en el que encontraremos el sentido de la existencia de nuestro club. La tarea nos parece inmensa, inabarcable, desesperante; pero nos ponemos manos a la obra. Nos repartimos el trabajo: cada cual en su habitación, sus estantes, sus obras. Encontramos libros de viajes, textos poéticos, románticos, realistas, sucios y limpios.  Nos llamamos a voces, alborozados. Comentamos lo leído y nos interrogamos con la mirada. Seguimos buscando. La historia se repite. Cunde el desencanto y nos sentamos cansados y perplejos.

Me despierto: “Idiota -me digo-, era solo un relato de Borges”. Suena el teléfono: la compañía de Gas y Luz Perpetua me ofrece un nuevo contrato de suministro de ídem con condiciones inmejorables. Interrumpo la conversación impaciente: “No puedo atenderte, me esperan en el club de lectura del instituto para comentar una obra de Lucia Berlin” (explicación innecesaria). El operador dice: “Lo entiendo, a mí me encanta”.  José Miguel Iglesias Rodríguez