miércoles, 13 de junio de 2012

NUESTROS AUTORES: ESCRITORES DE EXTREMADURA. TERCERA ENTREGA.

 
La tercera entrega de “Nuestros autores: Escritores de Extremadura” está dedicada a la figura de dos poetas extremeños de la primera mitad del siglo XX. El primero de ellos, Enrique Díez Canedo, participó de los movimientos posmodernitas y de vanguardia; el segundo, Jesús Delgado Valhondo, representa la postura comprometida políticamente con las libertades tras la contienda civil española.


 Enrique Díez Canedo


Trabajo realizado por María Magdalena Palacios, Jorge Jiménez y Daniel Nevado, 4º B.

Enrique Díez Canedo (Badajoz, 1879 - México1944). Su familia materna provenía del pueblo extremeño de Alburquerque, pero durante sus años jóvenes la familia se trasladó sucesivamente a Badajoz, Valencia, Vigo, Port Bou y Barcelona; en esta última ciudad fallecieron sus padres en un breve intervalo de tiempo. Se trasladó a Madrid donde estudió derecho, después de esto explicó Historia del Arte en la Escuela de Artes y Oficios, y Lengua y Literatura francesas en la Escuela Oficial de Idiomas.
Organizó varios actos, homenajes a Rubén Darío, a Benito Pérez Galdós, a Mariano de Cavia.
Empezó su trayectoria poética publicando sus primeras poesías en Versos de las horas, 1906. Colabora como crítico de poesía en la revista La Lectura y como crítico de arte en el Diario Universal y en el Faro. Como crítico teatral se inició con una serie de artículos en El Globo, 1908. En 1921 colaboró con Juan Ramón Jiménez en la realización de la revista Índice, por amistad.
Entre los años 1909 y 1911 trabajó en París como secretario del embajador de Ecuador. Esto no impidió que escribiera también en España, El Sol, La Voz, La Pluma y Revista de Occidente.
Ayudó a Juan Ramón Jiménez para que aparecieran en El Sol algunas colaboraciones suyas. Gracias a su intervención, un poema de Gerardo Diego pudo salir en España.
En plena Guerra Civil, colaboró en Hora de España y participó en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. También dirigió la revista Madrid.
Enrique Díez Canedo estuvo muy interesado por la evolución de la prosa en España. Entre sus obras mas destacadas están:
-          Los dioses en el Prado, 1931.
-          Artículos de crítica teatral. El teatro español de 1914 a 1936.
-          La sombra del ensueño, 1910.
-          Versos de las horas, 1906.
-          Imágenes, 1910.
-          La poesía francesa moderna, 1913.
-          La visita del sol, 1907.
-          Algunos versos, 1924.

Como vemos, no todos los poetas de los primeros años del siglo XX se sintieron atraídos, como Luis Chamizo, por los temas regionales. Hubo quienes se interesaron por conocer las corrientes estéticas que venían de Francia y que, inspirándose en los versos de Rubén Darío y de Juan Ramón Jiménez, cultivaron una poesía modernista en la que, además de cisnes, princesas y palabras esdrújulas, encontramos una reflexión acerca de la propia poesía y de la labor del poeta. Así lo vemos, por ejemplo, en el poema de Enrique Díez Canedo titulado “Aspiración del poema”:


Eternidad del poema,
entrevisto de repente,
laborado lentamente
con aspiración suprema
 
de domeñar un problema
díscolo, de luces fuente
fecunda, para una frente
deslumbradora diadema!
 
Verbal medalla en que acuña
con su divisa su altivo
perfil el artista puro!
 
¡Templado acero que empuña
mano firme, y llega al vivo
corazón de lo futuro!



El estallido de la Guerra Civil y las duras condiciones de la posguerra supusieron, al igual que en el resto de la literatura española, una brusca y radical ruptura con los aires de renovación que se vivieron hasta entonces. Ante la desolación económica, moral y cultural del momento, los poetas extremeños van a reaccionar de modos diferentes: a través de una poesía de estética oficial (Alfonso Albalá, Coria, Cáceres, 1924-1973), la llamada poesía rehumanizada, que refleja la desolación moral y el existencialismo en poetas como JESÚS DELGADO VALHONDO (Mérida, 1909-Badajoz, 1993) o a través de una poesía directamente desarraigada, de denuncia social y compromiso, como podemos ver en los versos de MANUEL PACHECO (Olivenza, 1920-Badajoz, 1998) y de LUIS ÁLVAREZ LENCERO (Badajoz, 1923-Mérida, 1982). Estos tres últimos poetas forman la tríada de referencia de la poesía del medio siglo en Extremadura. Presentamos aquí una breve semblanza y una selección de textos del primero de ellos.


JESÚS DELGADO VALHONDO


Artículo elaborado por Hernán Martín Crehuet y Jorge Pardo Barragán, 4º B.


BIOGRAFÍA

Jesús Delgado Valhondo nació en Mérida el 19 de febrero de 1909, pero tras la muerte de su padre la familia se trasladó a Cáceres. A los seis años quedó marcado por las consecuencias de una enfermedad que durante el resto de su vida le dejó una cojera. Estudió magisterio y en 1934 aprobó la oposición de ingreso en el cuerpo de maestros, iniciando su carrera docente en Trevejo, en el norte de Cáceres. Tras la Guerra Civil española, la Ley de 10 de febrero de 1939, que fijaba normas para la depuración política de funcionarios públicos, supuso una sanción y un traslado forzoso debido a su afiliación a Alianza Republicana y por haber ostentado el cargo de Secretario de la Unión General de Trabajadores en el sector de la enseñanza.

Fue co-fundador de la revista literaria Alcántara (1945), y de la Asociación de Escritores Extremeños, del que hoy es presidente honorario. Trabajó como articulista para el Diario Hoy y a través de su producción literaria, llegó a recibir el reconocimiento de artistas de renombre como Juan Ramón Jiménez que declaró: “Ahora se escribe en España muy buena poesía. Aquí traigo un libro, La esquina y el viento, de Delgado Valhondo, nutrido de la mejor poesía moderna”.

En 1978 recibió el Primer Premio de Poesía "Hispanidad" y en 1979 se presentó en las listas de la Unión de Centro Democrático en las elecciones municipales, siendo elegido teniente alcalde de Badajoz. En 1988 le fue concedida la Medalla de Extremadura por sus méritos humanos, profesionales y literarios y en julio de 1993 fue nombrado Hijo Predilecto por el Ayuntamiento de Mérida.

Desde su fallecimiento el 23 de julio de 1993, se han publicado varios libros recopilatorios tanto de su prosa como de su poesía, además de análisis de su obra por parte de otros autores, y en 2005 se creó la Fundación Delgado Valhondo para difusión y promoción de su obra. La Biblioteca Pública del Estado en Mérida lleva su nombre.

Bibliografía

Hojas húmedas y verdes. Alicante, Colección “Leila”, 1944
El año cero. San Sebastián, Cuadernos de poesía “Norte”, 1950 (presentación de Pedro Caba). 
La vara de avellano. Sevilla, Colección “Angaro”, 1974.
Un árbol solo. Badajoz, Institución cultural Pedro de Valencia, Diputación Provincial, 1979.
Huir. Badajoz, Del Oeste ediciones, 1994 (prólogo de Santiago Castelo).

De “Canto a Extremadura”, poema premiado con la Flor Natural en las Juntas Literarias de Badajoz, en 1950, entresacamos estos hermosos versos:
Encinas
“Yo no sé si la encina ha nacido de roca
o ha nacido de polvo que levanta el rebaño
o ha nacido de tierra, seca, caliente y loca,
o ha brotado en la siesta, o es un dolor extremeño.
Yo no sé si la luna resbalando en el suelo,
yo no sé si fue el búho inventándose el nido
o tormenta apretada a los barros del cielo
o cuento de la bruja o causado quejido.
Encinar extremeño, mis heroicas encinas,
mis sufridas encinas milenarias y llenas
 de cigarras, de tórtolas, de olor de campesinas,
como si fuese sangre sin encontrar sus venas”.

Y estos son otros de sus hermosos poemas:

EL TONTO DEL POZO

Se ha caído en el pozo.
Iba a coger pájaros de luz
y su mano encontró la sombra
que tiró de su sangre.
Y ahí está, en el pozo,
por los siglos de los siglos del agua.
Las golondrinas lo llevan en la garganta
y hacen con él gárgaras de lirios.
El culantrillo le crece por la piel
y la humedad le mantiene
sin raíces.


Hoy ha cogido un gorrión por las patas
y ríe a reventar.
Igual que cuando el cubo se sale
y el agua le da en la cara
arrugada como una carta que se tira
al fondo del tiempo.
                        De La vara de avellano, 1974

UNO

Es mi vida asomada
a oscura luz de nido,
existencia de huido,
azahar de la nada.


El recuerdo dormido
vuelve de madrugada
a la noche ganada
al dolor y al olvido.


Me busco y me confundo,
aurora de la infancia
de la que soy perdido:


en el mar de tu mundo
creciendo la distancia
busco lo que no he sido.
De Huir, 1994

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